Llegaron las cámaras digitales y fue una auténtica revolución en el mundo de la fotografía. Los píxeles sustituyeron a los carretes y la facilidad de manejo hizo que cualquiera pudiera hacer fotos en todo momento. Luego las cámaras analógicas de toda la vida se renovaron e incorporaron la nueva tecnología y se convirtieron en cámaras réflex y la gente empezó a comprar máquinas semiprofesionales como churros. Las digitales se hicieron entonces cada vez más pequeñas y transportables, con diseños de moda que atraían nuevamente al comprador más práctico. Hasta que la telefonía móvil, poco a poco, ha ido incorporando a los terminales cámaras con tanta resolución y calidad fotográfica que uno ya no necesita llevarse ni la digital ni la réflex a ningún lado para poder hacer fotos medianamente aceptables.
Por ello, con mi nuevo HTC Desire en el bolsillo y su cámara de 8 megapíxeles, inaguro este nuevo espacio en el que intentaré colgar una foto cada jornada, hecha con el teléfono por supuesto, para relatar y resumir, a modo de imagen, el día a día cotidiano.

miércoles, 17 de octubre de 2012